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 LOS ARRIEROS HICIERON LOS CAMINOS DE YOSONDÚA

 

Desde la antigüedad el hombre no ha dejado de hacer caminos, siempre se ha necesitado el camino, porque donde no los hay no hay nada, por eso donde existe algo hay caminos. Es el caso de nuestro pueblo de Santiago Yosondúa que alberga un encanto especial, ya sea porque se encuentra en un enclave natural o porque sus calles ahora conservan aún la hechura de antaño, lo cierto es que en este pueblo, generalmente apartado en la sierra Oaxaqueña, da gusto dejarse caer de vez en cuando y perderse. Afortunadamente en Yosondúa aún quedan algunos de estos remansos de paz donde parece que el tiempo no pasa, o mejor dicho, donde parece que el reloj del tiempo se ha estancado en siglos pasados en los que no había prisa ni vehículos motorizados. La localidad es pequeña pero alberga numerosos atractivos tanto naturales como culturales, pero lo que verdaderamente llama la atención aquí es el entusiasmo de su gente por conservar sus raíces y, en especial, sus usos y costumbres.

Historiar sobre los caminos de Yosondúa es algo más que trazar su ruta, medir su anchura y localizar en un mapa su recorrido, porque Implica detectar sus formas de significado a lo largo de la historia, referenciar las huellas que dejaron en la mente de los hombres del pasado y de los que les posibilitaron a los distintos grupos sociales que interactuaban sobre el territorio. Su antigüedad de cada camino es difícil de determinar, máximo cuando han sido intervenidos y modificados a través del tiempo. No obstante, todos los caminos esconden en sus entrañas una trama polifónica que no debe ser reducida a la construcción de la identidad de los pueblos, ni mucho menos a, la visión reduccionista de los caminantes.

Los caminos son la formación territorial los que las venas al cuerpo. Vistos a través de un mapa, ellos son las venas antrópicas de la tierra. Pondríamos decir que si el teléfono es una extensión de la voz, el camino es una prolongación de la disposición técnica de los pies y de una manera particular de exteriorización de la memoria, una proyección del deseo, de lo imaginario, de los símbolos y de la civilización de la cultura. A través de los caminos se buscaban nuevas rutas para el comercio, la agricultura y las relaciones afectivas y familiares, también circulaban ideas y bienes materiales, se difundían las ideas y rumores de la guerra, pero también los mensajes, las cartas y las comunicaciones entre quienes habían partido a tierras lejanas y sus familias asentadas en los centros urbanos, espacio para la circulación de ilusiones, los caminos guardan en su estructura silenciosa los secretos de hombres y mujeres de todas las condiciones y los recuerdos de nuestros antepasados, desde los transeúntes, los comerciantes hasta los recuerdos para quienes el camino les abrió la posibilidad de una mejor vida, así como otras manifestaciones menos tangibles como las epidemias, la peste, la pobreza hacían sus tránsitos por los resbaladizos caminos. Los caminos evidencian las heridas que deja el hombre en el paisaje cuando busca nuevos horizontes, ellos indican para dónde dirigió sus intereses sociales, económicos, políticos territoriales y culturales.

¿Cuánto sudor de indios, esclavos, peones, indígenas y presos se esconden en los muros de los caminos? Con sus mitos y leyendas, en los caminos de hoy la mirada del viajero se posa para observar montículos de piedras y cruces de madera con inscripciones que todavía indican qué tanto peligro pudo correr el caminante en los peores tiempos de la violencia política porque para muchos el tiempo era un factor decisivo, a veces se ponían intransitables. Los caminos son la prueba más reciente del pasado y la necesidad de integrar la historia natural y la historia cultural para construir nuevos temas de investigación y abrir el abanico de la explicación más allá de la historia del poder que sólo va tras el rastro de quienes se refugian en la supremacía de los datos para tejer los mitos de las sociedades venideras.

El desarrollo del comercio produjo las mayores transformaciones, rompió la base económica natural y cerrada, integro regiones y pueblos, alentó la construcción de caminos. Pero a este progreso y desarrollo se debe a la existencia de las mulas, los caballos y burros, y porque no decirlo a lomo de mula llego el progreso hasta los más últimos rincones de todos los pueblos de la mixteca. Los arrieros caminaban largas horas, hacían jornadas de seis o siete días con sus pies descalzos, porque el viaje duraba unos quince o veinte días o a veces hasta un mes si no es que más tiempo. Las mujeres preparaban los alimentos a sus hijos o esposos que llevarían para la larga jornada, tenían que ser alimentos que duraran tiempo sin dañarse eso era la comida de ellos…Además de los alimentos preparados llevaban carne, fríjol en polvo, panela, chocolate, café para preparar en el camino y hasta una botella de aguardiente, la verdad es que uno que otro traguito en el camino no le cae mal a nadie. No habiendo de otra forma así se transportaron los molinos de trigo, las campanas, los altares de las iglesias y hasta el cura, etc...

Durante la conquista y la colonización las vías de comunicación en yosondúa fueron los caminos, por los que transitaron los arrieros se destacan los caminos de agua del sol, camino real a Chalcatongo, San Mateo Yucutindoo pasando por llano conejo, camino real a Itundujia por mencionar algunos por ser más antiguo e importantes. “No hay progreso porque no hay caminos, no hay caminos porque no hay progreso”.

En el camino se encontraban con los demás arrieros que venían de otros pueblos, que iban de aquí para allá para acá y ahí era el peligro por que los caminos en aquel entonces eran muy estrechos…Eran jornadas muy largas, que se fueron disminuyendo a medida que se fue construyendo las carreteras. La historia les sonrío por una larga época, hasta que llego el desarrollo que se traducía en carreteras.

El arriero en sus tiempos fue el pequeño comerciante donde el pueblo encuentra una primera referencia, un primer escalón en la adquisición de riqueza. En el ejercicio del oficio, el arriero se fue perfeccionando y aprendiendo todos los trucos necesarios para hacer un trabajo práctico y eficaz, este oficio se transmitió de generación en generación como un trabajo ejercido con dignidad y orgullo. El abuelo le enseñaba al hijo, y éste a su hijo. Pero no le enseñaba sólo un saber técnico. A través del trabajo y la institución familiar se fue transmitiendo una forma de ser y hacer las cosas que con el tiempo se transformo en unos valores, unas costumbres, una mentalidad y unas actitudes específicas. El primer elemento es el trabajo, considerado como algo constitutivo de la vida del arriero, la arriería no era un oficio esporádico que se hiciera por capricho; era una vida entera entregada a ésta, trabajo constante, esencial para la supervivencia, duro y agotador que exigía un esfuerzo físico, habilidad manual y sentido práctico. El arriero es un caminante, y era en el camino donde realizaba su trabajo, tenía un sentido práctico de la vida en todas sus actitudes, la inmediatez, improvisación y la agilidad que adquiere para resolver sus problemas en el camino lo hacen prácticos. No se detienen a reflexionar, ni a teorizar; va haciendo lo que tiene que hacer, lo que le signifique utilidad o beneficio. Por otro lado, la casa: allí está la mujer, siempre al cuidado de los hijos, sostén del vínculo matrimonial, la mujer que permanece, que siempre esta ahí. Es, pues, una cultura esencialmente dualista: hombre-mujer, camino-casa, trabajo-ocio, donde los valores se mueven de extremo a extremo, logrando equilibrarse en la movilidad, un binomio paralelo hacia el progreso familiar, un juego permanente entre lo tradicional y lo moderno, lo viejo y lo nuevo, hay una constante: el trabajo permanente, laborioso y honrado.

Hoy en día, casi muy poco se conocen los nombres de los caminos como camino real o camino grande, en sentido estricto, los caminos reales eran los que comunicaban y conducían a los pueblos y villas mas grandes o a los centros de poder colonial con las zonas periféricas de norte a sur y de este a oeste. La actividad de la arriería fue en el pasado responsable de lo que hoy estamos disfrutando, porque de ello se debe aprender el amor al trabajo, la solidaridad, el respeto por los demás y por si mismo, la honestidad y sobre todo la alegría porque al arriero por lo general no se veía triste, era contento con todo lo que hacia y todo lo que vivía, que fue lo que nos enseñaron.

Los arrieros trajeron el progreso al pueblo de yosondúa, hoy parece que nadie se acuerda de ellos. Ciento cincuenta años atrás las carretera solo existían en el primer mundo. En yosondúa solo había caminos reales, pantanos por las que solo transitaban unos vehículos de cuatro patas y con largas orejas, sus conductores eran hombres fuertes que fundaban pueblos, la historia les ha concedido a los arrieros una importancia grande para el desarrollo de esta región montañera, aunque las nueva generaciones solo veamos en ellos como una leyenda. Por tales caminos se desplazaron los ejércitos de la Independencia y las facciones rebeldes y leales de la guerra de cualquier índole, pero con la aparición de las carreteras los arrieros empezaron a ver limitado su trabajo, Como una especie de extinción. Al arriero lo fue desplazando el progreso, lo fue haciendo a un lado del camino, implacable como siempre; ese fue el final, la decadencia de la arriería esto a raíz de las carreteras. Y con esa usurpación que les hizo el tiempo, solo se oye el repicar de una mula, el relinchar de un caballo en el eco legendario de la historia. Los arrieros por fin divisan el final de su camino, el transporte a lomo de mula empieza a ser cosa del pasado. Los caminos, borrado borrados ya del mapa, son hoy escenario de una tradición recreada oralmente que, en su retorno hacia su origen, recupera al hombre que los recorrió en su andar anónimo, construyendo una identidad y un eslabón en el desarrollo económico nacional.

Documento enviado por: Nicasio Chávez

 

Documento enviado por: Nicasio Chávez

D.R. Pagina de yosondúa

www.yosondua.net

Filemón Sánchez

Administrador general

Octubre de 2008